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Reflexión 22 – Rótatela 25 Noviembre 2009

Posted by ElConfidenteXXI in Gestión del talento.
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La rotación de personal en mi empresa es desorbitada. El 80% de los empleados tienen menos de dos años de antigüedad.

“Es totalmente normal. Las consultoras, por naturaleza, tienen niveles de rotación altos. Además, así nos aseguramos de que los débiles e inútiles se van”, me contestó un director cuando le pregunté sobre este tema.

Es cierto que debido a la presión y largas jornadas, el nivel de rotación en las consultoras es superior al de la media; sin embargo, esto no justifica que la rotación de nuestra empresa sea un 18 por ciento mayor que la del resto de consultoras equiparables. ¿Y esto a qué se debe? Principalmente, a que no se cumplen las promesas: entramos con unas perspectivas y, una vez dentro, nos encontramos con que nos han timado de manera descarada; y no sólo esto, sino que además hay un nivel de corrupción y compadreo vergonzoso. Y luego se extrañan que la gente se vaya a las primeras de cambio…

¿Qué supone tener una rotación tan alta en una empresa que se basa en vender conocimiento? Pues supone una fuga continua de este conocimiento, lo que nos condiciona a reinventar la rueda en muchos de nuestros proyectos y condena a ser poco eficaces. Asimismo, resulta en altos costes de adquisición debido a las continuas entrevistas urgentes y no planificadas (lo cual aumenta el riesgo de contratación inadecuada).

Mientras reflexionaba sobre este tema, también me di cuenta de que la mayoría de los directores han llegado de otras consultoras. Es decir, que hay muy poca gente que ha progresado por los distintos niveles de la empresa,  y demuestra que las posibilidades de hacer carrera son escasas. Y los que se quedan – por norma general – son aquellos que han demostrado ser de la misma calaña que los jefes: Dios los crea y ellos se juntan.

Por lo tanto, no es de extrañar que cuando alguien se va, el resto nos alegramos por él y le envidiamos. Pero, ¿cómo pensar de otra manera? Si no hay carrera en esta empresa, ¿por qué voy a quedarme? En la mente de todos está hacer lo justo para continuar y tomar las de Villadiego a la primera oportunidad.

¿Cómo se le puede dar la vuelta a esta situación? ¿Cómo solucionar el problema?

En mi opinión, el primer paso debe ser definir un plan de carrera para los empleados. Celebrar una sesión de evaluación con el personal para identificar su posición en la escalera y establecer objetivos concretos para ascender. Es fundamental saber que evolucionamos como profesionales, tanto en términos económicos como en responsabilidad y conocimiento.

Otra forma es invertir en el empleado. En mi empresa la formación es optativa. ¿Pero por qué? ¿Son los entrenamientos optativos para un futbolista? Hay conocimientos que son básicos y deben de ser aprendidos para llevar con éxito un proyecto. No creo que haya que imponer, pero en mi experiencia, siempre hay algo urgente, por lo que la formación siempre se aplaza. Y luego, nos sorprendemos cuando los proyectos fracasan y los clientes no nos vuelven a llamar. Sin duda, es culpa es de la crisis… Y sin formación, ¿qué le vamos a aportar a un cliente que es un experto en su sector? Poco y, en consecuencia, intentamos disfrazar nuestras carencias realizando presentaciones de ciento cincuenta páginas para nuestros clientes, con ilustraciones que quitan la respiración, pero de contenido banal capaz de aburrir al cliente y a su equipo de por vida. Es lamentable que en muchos de nuestros proyectos el formato lo sea todo; que haya una “escuela de pensamiento” que se jacta de la belleza de sus presentaciones, pero cuando analizas el contenido, te das cuenta de que no se sostiene, que no tiene rigor, que está lleno de obviedades.

Como conclusión: detrás de una excesiva rotación laboral se oculta la desmotivación, el descontento, la insatisfacción laboral. Por favor, que no nos digan que es normal…

Reflexión 21 – Mitos de la consultoría: gato por liebre 17 Noviembre 2009

Posted by ElConfidenteXXI in Capacidad y competencia.
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A continuación, me gustaría abordar una serie de temas relacionados con la consultoría; describir algunas de las estratagemas, tretas y triquiñuelas más comunes que las consultoras utilizan para mejorar el margen de sus proyectos. Mi objetivo es simple: prevenir a los inexpertos en estas materias y sugerir cuando y como hay que contratar consultores.

Por norma, las empresas no saben contratar consultoría; lo hacen a menudo, pero mal. Lo correcto es sacar el proyecto a concurso y hacer que varias consultoras tengan la oportunidad de presentar una propuesta. A continuación, estas propuestas deberán ser valoradas en términos técnicos (de contenido) y económicos. Tristemente, en muchos casos veremos como ex-consultores otorgan proyectos a sus ex-compañeros aún sabiendo que no son las personas adecuadas para realizar el proyecto. Ya sabéis, lo primero los amigos…

En cuanto a las consultoras, la jugada más frecuente y extendida es la del “Cambiazo”; es decir, ofrecer al cliente recursos expertos y, una vez la venta se haya realizado (o durante el transcurso del proyecto), sustituirlos por recursos junior. Así, la consultora aumenta su margen de beneficios de manera inmediata. Normalmente, este tipo de cambiazos se dan cuando el proyecto se ha vendido con un margen de beneficios muy bajo o incluso negativo para la consultora. Por lo tanto, si la consultora os ofrece tarifas muy por debajo de la media del mercado, es muy probable que tenga en mente un cambiazo. Es verdad que no es siempre el caso; puede que la consultora quiera ganar el proyecto a toda costa para demostrar su valía ante un nuevo cliente; sin embargo, es un síntoma a tener en cuenta.

Así que la próxima vez que contratéis consultoría preguntaros si las tarifas que os proponen son razonables. Lo que es indudable es que la consultora no perderá dinero, por lo que si las tarifas caen, los consultores tomarán atajos y, tarde o temprano, le pasarán la factura al proyecto.

Reflexión 20 – El Lastre 14 Noviembre 2009

Posted by ElConfidenteXXI in Honestidad.
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Hay un personaje curioso en nuestra empresa. Un director inteligente, pero excéntrico; un sujeto totalmente bipolar, capaz de lo mejor y lo peor, tanto a nivel personal como profesional.

Parece que este director ha perdido toda ilusión por trabajar. Según él, su tiempo es tan valioso que:

“Únicamente trabajo en los proyectos que me interesan; si una tarea no me desafía intelectual, no le dedicaré ni un minuto”. ¡Chapeau! El problema es que este semi-dios lleva más de nueve meses sin vender ni dirigir un proyecto y, para una persona que cobra 130.000 euros anuales de fijo, esta actitud arrogante y chulesca no es aceptable.

En lo laboral, como en lo físico, el primer síntoma de la decadencia es no crecer, no producir; la cercana extinción de la ilusión se muestra siempre por falta de desarrollo. Pero, ¿qué hacer con una persona así? No podemos despedirle porque no podemos pagarle la indemnización. En consecuencia, el tipo se pasea por los pasillos como si fuese dueño y señor de la oficina.

¿Cómo poner fin a esta situación? ¿Se puede volver a motivar a una persona? En mi opinión, sí; es difícil, pero posible. Lo importante es entender cómo hacerlo, identificar qué es lo que quiere y llegar a un acuerdo para el bien de ambos: empresa y empleado. Lo que es inaceptable es que se permita a este caradura vivir a cuerpo de rey a costa del trabajo del resto.

Sin duda, tenemos un gran problema con el paquete de remuneración de los directores; simplemente no funciona. Los directores ganan entre 130.000-200.000 euros anuales de fijo, lo cual es suficiente para no tener que depender del variable que se otorga en base a la consecución de objetivos de venta. Por lo tanto, si los directores no venden – como en el caso de este jeta – no importa, ya que aún así, cobrarán un cuantioso botín a fin de mes.

¿Es fácil vender proyectos en medio de una crisis? En absoluto; comprendo sea difícil o casi imposible que los directores puedan cumplir con sus objetivos de venta; pero en consecuencia, exijo que no cobren salarios desorbitados, y más aún en el caso de este impresentable, que no es más que un lastre para la empresa.

Reflexión 19 – ¿Habrá Milagro? 9 Noviembre 2009

Posted by ElConfidenteXXI in Comportamiento organizativo, Honestidad.
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Hace unos meses tuvimos una reunión de oficina para analizar los resultados de la encuesta de satisfacción del empleado. Como podréis recordar, nuestra empresa no quedó bien parada en la clasificación global (ver Reflexión 11 – Incoherentes y cobardes).

Comprensiblemente, entré a la reunión con actitud escéptica y cínica. Sin embargo, las cosas transcurrieron de manera diferente a la que me esperaba. Sorprendentemente, el director y su séquito presentaron los resultados de la encuesta sin censura alguna, tales y como eran: desastrosos. A continuación, el Emperador entonó el mea culpa y analizó de manera directa y sin tapujos la precaria situación de la empresa; y más importante aún, explicó su plan para reflotar la compañía. Y para rematar la jugada, el Zar abrió el debate a los empleados, los cuales participamos de manera gustosa.

Me gustaría resaltar que el director demostró dos cualidades fundamentales, ausentes desde que comenzó la debacle:

  1. Honestidad para llamar a las cosas por su nombre y realismo para enfrentarse a los problemas de cara
  2. Liderazgo y capacidad para inspirar al equipo de que es posible salir de esta situación

He de confesar que el planteamiento me ha gustado. Puede que sea sólo un espejismo, otra de sus inagotables trequiñuelas; sin embargo, estoy dispuesto a ser positivo, a creer y poner mi granito de arena para sacar la empresa adelante.

Me pregunto, ¿habrá milagro?

Reflexión 18 – Torrente, el brazo tonto de la consultoría 5 Noviembre 2009

Posted by ElConfidenteXXI in Capacidad y competencia.
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En todas la empresas existe un Torrente; ese gerente que hace la vida imposible a todos. Un sujeto que desprecia, insulta y ningunea a los empleados, pero que besa el suelo por donde pasan los directores.

Un ingrato que no tiene ningún reparo en colocarse las medallas de otros, pero que cuando las cosas se tuercen, no duda en señalar con el dedo y escurrir el bulto.

Un analfabeto agresivo, sin modales que está incapacitado para gestionar o dirigir; pero que incomprensiblemente gana un sueldo desproporcionado y se mantiene a base de habilidad y astucia, nunca mérito. Un miserable que se ha aprovechado de la influencia de su familia para hacerse un hueco en el circo donde trabajo.

Un negrero, que exige lo que nunca se ha exigido a sí mismo. Un acomplejado que intenta ocultar su ignorancia a base de gritos y descalificaciones. Un egoísta que no está dispuesto a dedicar un minuto de su tiempo a nadie si no es por interés. Eso sí, cuando necesita que le ayudes, su comportamiento cambia completamente, volviéndose amable.

Un manipulador nato que alimenta rumores sobre todos, siendo el objetivo de sus críticas aquella persona ausente en aquel momento. Una plaga que vive cobijado bajo el ala del director, con el cual comparte una gran amistad forjada durante años de fraudes y despropósitos.

Un empleado que representa lo que no debería ser un consultor. Un vendedor de humo sin igual, que nunca da su brazo a torcer porque su orgullo no se lo permite. Un soberbio que mira al resto por encima del hombro y cree que podrá vivir del cuento toda su vida.

Una persona sin compañeros de trabajo, a los que clasifica entre “los que me caen mal”, “los que me caen muy mal” y “los que no me importan una mierda”.

Pero lo que ignora Torrente es que el mundo es un pañuelo y que poco a poco, su reputación empieza a precederle. Y Torrente, entusiasta como eres en seguir por este camino, recuerda que nunca podrás que no te avisé. Simplemente tendrás lo que te mereces.

Reflexión 17 – La pregunta del millón 4 Noviembre 2009

Posted by ElConfidenteXXI in Honestidad.
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¿Recomendaría mi empresa a un familiar o amigo? En mi caso, no. En absoluto.

¿Y por qué respondo de tal manera, sin dudas o reparos? Pues por dos razones. La primera es de cara al cliente: el valor del servicio que aportamos no se corresponde con la desorbitada suma de dinero que cobramos. Por lo tanto, nunca recomendaría mi empresa a un familiar o un amigo. Le estaría estafando.

La segunda razón es de carácter interno a la empresa. Una empresa dirigida por directores deshonestos e incompetentes está abocada a la bancarrota. ¿Pondría la compañía de un familiar o amigo en las manos de estos sinvergüenzas, que lo único que han hecho durante años es robar al cliente y despreciar a sus empleados? No.

Llevando esta reflexión a sus últimas consecuencias, me pregunto, ¿Entonces por qué sigo trabajando aquí? La razón es simple: intento ganar tiempo para buscar algo mejor.

¿Y vosotros, recomendaríais vuestra empresa a un familiar o amigo? La dichosa preguntita da mucho de qué pensar…

Siempre agradecido 3 Noviembre 2009

Posted by ElConfidenteXXI in Honestidad.
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Amigas y amigos, simplemente unas líneas para agradeceros vuestros comentarios, anécdotas y consejos. Me gustaría mencionar de manera especial a Literal5, Migerentevago_09, Talentoso, El Financiero, Sundaes, Quemado, Lydia, hechopolvo, Elobeygrande y tantos otros que contribuis de manera habitual y apasionada en los debates.

Gracias por vuestras reflexiones. Y ahora, prosigamos…

Reflexión 16 – ¿Alumnis, para qué? 2 Noviembre 2009

Posted by ElConfidenteXXI in Capacidad y competencia.
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Los alumnis son la mayor fuente de ingresos recurrentes para las consultoras. ¿Y qué son? Personas que han dejado la consultoría, voluntariamente o no, y que ahora trabajan en otro sector.

Cuando un consultor se marcha de una consultora, éstas se esfuerzan para ayudar a esa persona a colocarse en un puesto de influencia. ¿Por qué? Porque saben que esa persona es ahora un cliente, y además, un cliente afín/leal a la consultora. Esto significa que cuando esta persona tenga que contratar consultoría, lo más probable es que se lo compre a sus antiguos compañeros y amigos. Es lógico.

Lo que no es lógico es lo que pasa en mi empresa. Desde que llevo aquí, no ha surgido ni un proyecto a través de la red de alumnis. El por qué es sencillo: el desprecio con el que se trata a la gente es tal, que los que se van lo hacen rencorosos y sin ninguna intención de volver a tratar (menos aún contratar) a su antiguo empleado. Además, no nos preocupamos por mantener el contacto con nuestros alumnis: no les mantenemos al día con lo que pasa en la empresa, tampoco les mandamos felicitaciones, no organizamos eventos sociales (quedada de copas), etc.

Como dijo un directivo de la empresa cuando se le preguntó sobre este tema: ¿Dedicar tiempo a los alumnis, para qué?

Esta respuesta demuestra su total ignorancia del sector e incapacidad de sacarnos del agujero en el que estamos metidos. Y como he dicho en alguna otra reflexión anterior: esto no tiene nada que ver con la crisis. Simplemente, tenemos lo que nos merecemos.

Reflexión 15 – Cada cual peor 30 Octubre 2009

Posted by ElConfidenteXXI in Capacidad y competencia.
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Sin duda, una de las principales causas de nuestro hundimiento ha sido, y sigue siendo, la política de contratación de directivos. Es pésima, y lo peor de todo, es que no cambiamos y seguimos tropezando con la misma piedra, una y otra vez.

En mi anterior entrada (Reflexión 14 – Cuando lo barato sale caro), escribí sobre las nefastas consecuencias de tomar medidas fáciles y cortoplacistas. Me gustaría añadir una más a esa lista: contratar directores baratos. Obviamente, lo de baratos es relativo; baratos en comparación con lo que costaría un director de prestigio y con una cartera de clientes bajo el brazo. Sin embargo, ¿Por qué contratar a un directivo barato es un error? Porque, simplemente, no vende proyectos.

Hace tiempo que se llegó a la conclusión de que nos faltaban directores que vendiesen. Mi empresa tiene un gran equipo para ejecutar proyectos; el problema es que sólo un director (de los cinco que había hasta hace poco) podía vender. Por lo tanto, el director contrató a Santiago (nombre ficticio) para dirigir una de las unidades de negocio. ¿Cómo era Santiago? ¿Qué podía aportar a la empresa? Nada. Santiago era una persona acomodada que veía su rol de director como un pasatiempo (muy lucrativo hay que añadir). Por lo tanto, su nivel de trabajo y compromiso era nulo. Peor que nulo, negativo.

Al cabo de un año, el director se dio cuenta de que esta persona era un fraude: utilizaba los recursos de la empresa para potenciar sus propios negocios y, encima, destrozaba las relaciones con los pocos clientes que teníamos. La conclusión del experimento fue la siguiente: no se debe contratar a un director si no tiene experiencia en el negocio, una amplia red de contactos y una cartera de clientes a cual vender de manera inmediata. Y por encima de todo, si el director no está dispuesto a dejarse la piel para sacar la empresa adelante; es decir, trabajar a tiempo completo y por objetivos de venta.

Pues bien, con la marcha de Santiago, se contrató a Álvaro (nombre ficticio), otro director que venía a salvar a la empresa de la quiebra. Y ¿Cuál era su perfil? ¿Qué tipo de contrato le ofrecimos?

  1. ¿Tenía experiencia en consultoría? ¡No!
  2. ¿Tenía contactos y una cartera de clientes a los que vender? ¡No!
  3. ¿Le contratamos a tiempo completo (lo que denota compromiso)? ¡No!
  4. ¿Le ofrecimos un contrato con un sueldo fijo desorbitado? ¡Si!
  5. ¿Ha vendido algo durante el último año? ¡No!

Lo dicho. No cambiamos.

Reflexión 14 – Cuando lo barato sale caro 29 Octubre 2009

Posted by ElConfidenteXXI in Comportamiento organizativo.
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Trabajo en una empresa anoréxica. Padecemos esta enfermedad debido a que hemos llevado a cabo una racionalización de costes tan desmedida, que hemos herido mortalmente nuestras pocas posibilidades de desarrollo y crecimiento.

En muchas ocasiones, lo barato sale caro y viceversa. La búsqueda de la eficiencia excesiva por medio de medidas fáciles y rápidas, como el despido masivo, acaban por afectar negativamente a la calidad de los servicios ofrecidos y del rendimiento del equipo.

Para evitar esta enfermedad, sugiero el siguiente tratamiento:

  1. Redoblar los esfuerzos para aumentar los ingresos, y no únicamente dedicarlos a reducir gastos
  2. Controlar los gastos no críticos (viajes, hoteles, conferencias, etc.)
  3. Disciplina y rigor presupuestario
  4. Diversificación adecuadamente planificada

¿Qué medidas sugerís vosotros?